Voluntad financiera: de camino hacia la inteligencia en finanzas personales

Vamos a dejar de lado los juegos de azar y las herencias. Hay pocas soluciones a retos económicos sin dedicarles un mínimo esfuerzo. La voluntad financiera es un requisito básico para entrenar la inteligencia en finanzas personales. Si deseáis alcanzar los objetivos económicos que tengáis pensados, debéis poneros a ello. En serio.

Retomamos con estas líneas el post de hace unos días dedicado a la inteligencia financiera. Escribíamos entonces que la educación es fundamental para la buena toma de decisiones. También mencionábamos como uno de los libros de José Antonio Marina me había inspirado.

Voluntad financiera: consciencia y responsabilidad

Efectivamente, podemos leer en la obra en cuestión que cuando un niño precisa sus ideas y actúa según sus intereses, elecciones y plan de acción, comprende poco a poco que es responsable de sus decisiones y de sus acciones. Con la planificación se aprende a ser autónomo y tener confianza en uno mismo.

No es nada complicado adaptar el párrafo anterior al ámbito de las finanzas personales. Sólo hay que borrar la palabra “niño” y ponernos nosotros mismos. El primer paso es tomar conciencia de lo que queremos y diseñar un plan para llegar a ello. En este punto, asumiremos que, en un alto porcentaje, somos responsables de todo lo que nos pasa, financieramente también.

El entrenamiento de la voluntad financiera

Explica el autor que en el entrenamiento de la voluntad, hay que ser diestro en cuatro aspectos. De nuevo, esto es fácilmente aplicable a la economía de todos nosotros.

  1. Inhibir el impulso inicial

La sociedad nos impulsa a consumir. De hecho, en muchos aspectos estamos muy manipulados. Tenemos un post en el blog al respecto. Si no somos conscientes, difícilmente reprimiendo este impulso inicial que nos lleva a comprar. Es cierto que con ello vamos a renunciar a un placer inmediato. Pero darnos este gusto impulsivo nos dificultará muy probablemente alcanzar metas más elevadas.

  1. Deliberar

Cuando paramos el impulso, tenemos tiempo para deliberar. ¿Encaja éste dentro de nuestras prioridades? ¿Es coherente con el plan que hemos diseñado para lograr nuestros objetivos? La libertad es la posibilidad de decir que no. ¿Qué alternativas tenemos a seguir nuestro impulso?

  1. Decidir

Hay un momento en la deliberación que, de repente, decidimos. Es como una especie de inspiración. La inteligencia generadora no para de presentarnos alternativas. Cuanto más entrenada la tengamos, más generará. Y, de golpe, lo tenemos claro. La inteligencia ejecutiva dice “es esto” y los esfuerzos se dirigen en un sentido concreto.

  1. Ejecutar

Cuando ejecutamos la decisión, suceden dos cosas. Por un lado aplazamos el placer inmediato por uno que está por llegar. Y, por otro, aprendemos a soportar el esfuerzo de hacerlo. En todo caso, resulta muy motivador ejecutar una decisión bien meditada que nos lleva donde queremos, ¿no os parece?

Voluntad financiera y los deberes liberadores

A veces asociamos en exceso los deberes con la coacción. Desde esta perspectiva, cuesta mucho ponerse en marcha. Por el contrario, si visualizamos un deber como liberador, todo es más sencillo. Actuar de acuerdo con los objetivos que nos hemos marcado nos libera de volver a sufrir la experiencia frustrante que representa volver a caer en trampas que ya conocemos.

Para terminar, es posible que estéis pensando que es complicado cambiar de un día para otro todo de golpe. Nada que valga la pena es fácil. Primero hay que ponernos en disposición a ello. Estar sensibles a que nos conviene cambiar. E irlo haciendo paso a paso. Se trata de modificar las estructuras mentales que hasta ahora nos han llevado hacia donde no queremos estar.

¿Quieres desarrollar con nosotros tu voluntad financiera?

 

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