La prueba de la independencia financiera

La prueba de la independencia financiera forma parte de los ejercicios de toma de consciencia que estamos preparando en acOnseguir. Posiblemente en los próximos días haremos una recopilación para nuestros suscriptores.

Se trata de unos ejercicios que sólo quieren hacer aflorar conciencia del momento económico en el que cada uno esté. Si una vez hecho el resultado es satisfactorio, será una muy buena noticia, y, si no lo es, nuestro consejo es hacer lo que haga falta para cambiarlo. No vale la pena perder demasiado tiempo en lamentarse de lo que se podía haber hecho diferente hasta ahora, por la sencilla razón de que esto no sirve de nada. Lo importante es actuar hacia el futuro.

A nivel básico, la independencia financiera comienza por poder adquirir un bien de cierta importancia sin tener que recurrir a ningún crédito. Por ejemplo, ¿estás en condiciones de comprar un coche o hacer reformas en tu vivienda sin endeudarte?

Pero intentemos ir más allá. ¿Te has preguntado cuánto tiempo podrías aguantar financieramente sin trabajar y sin renunciar a tu calidad de vida actual?

Cuando hago esta pregunta a clientes, una buena parte de ellos piensan en un despido o una enfermedad. Es una posibilidad. Pero también podría plantearse en un escenario mucho más positivo, como poner en marcha un negocio propio. ¿Podrías dedicar unos meses de tu vida a crear tu propia empresa, a pensar en cómo puedes aportar algo a la sociedad y que ésta te remunere por ello en forma de ventas?

Como siempre, es cuestión de hacer números.

Empecemos por un hipotético despido (si no eres autónomo).

Si tu sueldo no supera la base máxima, en el mejor de los casos cobrarías por paro aproximadamente un 55% de tu sueldo anual en el momento que fueras despedido, repartido mensualmente durante dos años.

Por otro lado, posiblemente también cobrarías una indemnización: en el más favorable de los escenarios (trabajador con bastantes años de antigüedad y despido improcedente), a no ser que estemos hablando de altos directivos con cláusulas muy especiales, ingresarías de golpe un máximo de dos años de salario.

A todo esto deberías añadir tus ahorros.

¿De cuánto tiempo de independencia financiera dispones? ¿Cuál es el número de meses que aguantarías?

¿Y si quisieras dejar el trabajo para establecerte por tu cuenta? Entonces ya no tendrías ni paro ni indemnización. ¿Hasta cuándo te lo permitiría el dinero que tienes hoy en día?

Si las respuestas a todas estas preguntas no te gustan, puedes decidir priorizar el ahorro y la inversión frente a las muchas posibilidades de gastar con las que la sociedad nos tienta. Una buena planificación financiera te ayudará a hacerlo.

También puede ser un apoyo recordar el concepto de invertir, que no es más que adquirir bienes que te den un rendimiento en forma de ingresos. Invertir no queda reservado a las grandes fortunas. Hay productos financieros que te permiten hacerlo a partir de pequeñas aportaciones mensuales.

Por otro lado, si prefieres inversiones más palpables, hay muchas a tu alcance. Por ejemplo, puedes comprar una plaza de aparcamiento con la ayuda de un crédito. Si la alquilas y en cobras 90 EUR mensuales, cualquier cuota del crédito por debajo de esta cifra te estará aportando unos ingresos adicionales. Y al terminar de pagar el préstamo tendrás un bien sin ninguna carga que continuará generando ingresos.

Se trata de dar un par de vueltas al tema, y tomar decisiones a partir de un nuevo nivel de consciencia.

¿Avanzamos juntos hacia la independencia financiera?

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