El poder de la diversificación financiera

Como hemos explicado en otras entradas, con nuestros clientes solemos empezar por hacer un análisis de ingresos y gastos, sigue una toma de conciencia, se adoptan decisiones responsables y se planifica cómo conseguir objetivos. De éstos, una meta relativamente habitual es poder ahorrar, y la cuestión que aparece cuando queda claro que esto es posible es como planificar el ahorro. En este punto, vale la pena entender el poder de la diversificación financiera, el equivalente al viejo dicho de no poner todos los huevos en la misma cesta.

Podemos enfocar este tema desde diferentes ópticas.

1. Diversificación financiera según cuándo necesitaremos el dinero

Ahorrar por ahorrar no tiene sentido, deberíamos asignar un destino al dinero. Y, en general, podemos clasificar el ahorro en función de cuándo hará falta que el mismo sea líquido:

  • A corto plazo, dinero totalmente disponible para cualquier imprevisto (aunque hay muchos que, si pensamos en ello, no lo son): por ejemplo, para cambiar un electrodoméstico que ya vemos que está llegando al final de su vida útil.
  • A medio plazo, dinero con el que no contamos hasta pasados ​​de 5 a 10 años, o quizás antes según las condiciones: por ejemplo, para pagar la universidad de los hijos, o poder hacer efectiva la entrada de un piso.
  • A largo plazo, el dinero al que renunciamos durante un mínimo de 15 años, con el fin, por ejemplo, de disfrutar de una bolsa de ahorro que nos permita una mejor jubilación.

¿Y por qué diferenciamos bajo este criterio? Porque cuanto más lejos en el tiempo nos haga falta el dinero, más podremos arriesgar (dentro de un límite de seguridad en el que nos sintamos confortables), y esto posiblemente significará rendimientos más altos. Por el contrario, el dinero disponible se traducirá en intereses bajos o casi nulos.

2. Diversificación financiera mediante las aportaciones recurrentes

Esto es especialmente indicado cuando se invierten ahorros a largo plazo en renta variable (bolsa), y responde a que es muy difícil saber en qué momento invertir, porque la evolución en períodos cortos es ondulante (a subidas siguen bajadas, y a la inversa) y cualquier suceso inesperado (Brexit, actos terroristas, etc.) puede traducirse en importantes bajadas. Por el contrario, todas las estadísticas demuestran que, a largo plazo, la renta variable tiene una clara tendencia al alza.

En este escenario, una manera de invertir y aprovechar tanto las bajadas como las subidas es ir efectuando aportaciones recurrentes mes a mes, sabiendo que a largo plazo es muy probable que tengamos significativas ganancias. Con este sistema:

  • en un mercado a la baja podremos ir acumulando participaciones cada vez más baratas que, cuando la bolsa vuelva a subir, harán promedio con las participaciones compradas caras hasta que recuperemos la inversión y quedemos en posición de empezar a ganar, y
  • en un mercado al alza, iremos acumulando beneficios que, cuando empiecen las bajadas, nos permitirán asumir las pérdidas de las últimas participaciones compradas caras antes de las bajadas, hasta que el mercado se recupere de nuevo.

Para seguir esta estrategia de diversificación financiera, no es necesario disponer de mucho dinero mensualmente (con 50 EUR puede ser suficiente), si encontramos productos adecuados para hacerlo.

3. Diversificación financiera en tipo de inversión

Aparte de la diversificación a la que ya obliga el reparto del ahorro en corto, medio y largo plazo, dentro de cada una de estas categorías también se pueden elegir diferentes vehículos (depósitos, fondos, renta fija o variable, deuda pública, cuentas corrientes, etc.).

Si nos centramos en el largo plazo, que es probablemente el que ofrece más alternativas, en nuestro país ocupa un lugar prominente una inversión inmobiliaria que no suele permitir demasiada diversificación. Por el contrario, en renta fija o variable es más sencillo diversificar, y no es necesario disponer de un gran capital si elegimos un buen vehículo para hacerlo. Las posibilidades son muy amplias: geográficamente (Europa, Estados Unidos, países emergentes, etc.), por tipo de industria o sectores, por tamaño de las empresas, y un largo etcétera.

En definitiva, la diversificación permite disminuir riesgo, y en las anteriores líneas lo hemos planteado en tres ejes: según el momento que necesitaremos el dinero, mediante las aportaciones recurrentes a lo largo del tiempo, y por tipo de inversión.

¿Planificamos juntos una buena diversificación financiera?

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