Armonía financiera, o cómo dar cobertura a las necesidades

Administrar dinero tiene un cierto componente artístico. Cuando vivimos en armonía financiera, lo que entra en el banco da cobertura a lo que sale. Y en esta coordinación de flujos, los tiempos son muy importantes. Aquellas inversiones que estarán en nuestra vida o negocio mucho tiempo piden una financiación de devolución lenta. Cuando no cumplimos con esta premisa, vienen los problemas.

De alguna manera, esta entrada del blog es la continuación natural de la de hace unas semanas, relativa a los flujos financieros. En nuestro día a día personal, familiar o profesional no paramos de financiar bienes o servicios. Lo que nos interesa mucho es tomar buenas decisiones sobre cómo lo hacemos. Profundicemos un poco más.

¿Qué es evidente que deberíamos financiar a largo plazo?

Empecemos por lo más obvio. Difícilmente vamos a pagar un piso con una hipoteca a un año. Posibles excepciones serían que seamos deportistas de élite con una nómina espectacular o dispongamos del dinero de alguna herencia. Para la mayoría de mortales, la hipoteca será de muchos años. Y la iremos pagando con el dinero que ganamos mensualmente.

De manera similar, cuando una empresa compra una máquina, sabe que ésta durará un cierto número de ejercicios. Si no dispone de efectivo suficiente se endeudará para adquirirla. La intuición nos dice que la financiación se debería poder devolver con lo que la propia máquina produzca. Y el plazo debería ser, como mucho, el tiempo que la máquina esté en servicio. No tendría sentido ir pagando una máquina que ya no tenemos.

Perdemos la armonía financiera cuando no tenemos en cuenta esta coordinación de plazos. No es coherente pagar un viaje de vacaciones con un préstamo personal. Es un ejemplo que pongo a menudo. Del viaje, una vez hecho, no queda nada (a excepción, quizás, de un montón de selfies). El crédito nos lo irán cargando a la cuenta corriente durante mucho tiempo. Tampoco cuadra financiar un coche dentro de la hipoteca. Posiblemente aún la estemos pagando cuando ya nos convenga comprar uno nuevo.

¿Qué cuesta más de ver que hay que financiar permanentemente?

Vuelvo a recurrir a un ejemplo doméstico. Todos comemos cada día, pero muchos de nosotros compramos semanalmente o, incluso, mensualmente. En el momento de aprovisionarnos, estamos bloqueando un dinero que iremos consumiendo poco a poco. Si nos paramos a pensar, tal vez este importe no lo tengamos disponible en efectivo nunca. Cobramos la nómina. Vamos al supermercado. Llenamos el congelador para todo el mes. Nos lo vamos comiendo. Y vuelta a empezar.

Quienes como autónomos tengamos un negocio hay bastantes posibilidades de que nos encontremos con algo similar. Pero a gran escala. Así, para poder vender un producto, tal vez hay que comprar una serie de materiales, fabricar, tener el artículo terminado unos días en el almacén y, finalmente, conceder cierto plazo de pago al cliente. Todo eso es dinero que queda bloqueado. Si los proveedores no nos ayudan a financiarlo, el coste de todo esto son recursos de los que no podremos disponer nunca. Hasta el día que liquidemos el negocio. Técnicamente, estamos hablando de necesidades debidas al ciclo de caja.

A menudo nos encontramos con clientes que tienen muy claro que habrá que financiar los bienes (máquinas, instalaciones, decoración, etc.). Pero cuesta más darse cuenta de que el anterior ciclo de caja también requiere de una buena inversión.

Conseguir la armonía financiera

De manera óptima, todo lo que hemos mencionado en los apartados anteriores debería quedar cubierto de manera permanente. Lo que puede pasar es que si esperamos a disponer del efectivo suficiente para montar un negocio o comprar un piso éstos lleguen mucho más tarde de lo que quisiéramos.

Por lo tanto, para todo aquello que no lleguemos sólo nos tendremos que asegurar que con el dinero que ganemos (en nómina o profesionalmente) podamos ir pagando las correspondientes cuotas de los préstamos. De lo contrario, iremos con la lengua fuera y nos preguntaremos cómo es posible que esto ocurra.

Por otra parte, ya conocéis una máxima de acOnseguir. Todo lo que podamos renunciar a tener, mejor no pedir préstamos para comprarlo. Recordemos que un vehículo financiado puede costar el doble que pagado de una vez.

Y, para terminar, puede que un negocio tenga una cierta estacionalidad de ventas a lo largo del año. En estos casos, será necesario calcular cuál es el mínimo que necesitamos para dar cobertura a stocks, clientes y demás durante el ejercicio, y financiar las necesidades puntuales con, por ejemplo, una póliza.

¿Quieres que demos armonía financiera en tu economía doméstica o profesional?

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